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Durante los siglos XVI y XVII la isla se convirtió en el centro de la ofensiva turca y bárbara del Mediterráneo occidental al estar despoblada desde el siglo XIV y a medio camino entre Europa y África, lo que propició que fuera tomada como base de operaciones de la armadas otomana y corsaria.

Para paliar esta situación y defender la isla de invasiones y ataques, desde Ibiza se decidió la instalación de varios puntos de vigilancia alrededor del litoral que sirvieran para dar alarma en caso de peligro y activar así el sistema defensivo de la mayor de las Pitiusas. Para comunicarse entre cada uno de estos puntos estratégicos de día se utilizaba humo y para avisos nocturnos el recurso eran las hogueras.

El panorama defensivo se completó durante el siglo XVIII con la construcción de la torre de sa Guardiola en el islote de Espalmador entre 1749 y 1750 y en los años sucesivos se erigieron nuevas fortalezas en Punta Prima, Es Cap de Barbería, Es Pi des Catalá y la denominada torre de La Gavina ubicada en el área de Punta Pedrera.

Todas estas torres fueron preparadas para incorporar piezas de artillería y así servir no sólo para actividades de vigilancia sino también como torres de defensa activa, como ocurrió fundamentalmente con las ubicadas en es Cap y en la zona de Mitjorn.