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Todo el territorio que conforma el espacio geográfico denominado La Mola, está actualmente catalogado como ANEI, es decir Area Natural de Especial Interés.

En los alrededores del faro existen importantes manchas boscosas de pino carrasco, con alternancia de arbustos como el lentisco, el brezo o el romero.

Pero sin duda el espacio natural más espectacular es el representado por los impresionantes acantilados, que alcanzan justo en el faro la altura de 120 metros de altura.

Es precisamente aquí donde se puede escuchar en las primeras horas nocturnas, y dependiendo de la época del año en que nos encontremos, el canto de las dos especies de pardelas que crían en estas latitudes y que conforman las mejores colonias existentes de estas aves en el Mediterráneo occidental. Estas dos especies son la pardela cenicienta y la pardela pichoneta conocidas en Baleares con los nombres de Baldritxa y Virot respectivamente.

El sonido inquietante de estos “gritos nocturnos”, junto con la espectacularidad de los doce haces luminosos del faro girando perpetuamente, convierten este enclave en un lugar mágico y de visita obligada en las noches formenterenses.

Se inauguró el 30 de noviembre de 1861. El primer aparato luminoso consistía en una óptica catadióptrica fija de 2º orden de la casa francesa Henry Lepaute y una lámpara moderadora de aceite tipo Degrand. En 1928 se instaló una óptica de rotación de doce paneles catadióptricos procedente del faro de Formentor y adaptada a la entonces moderna tecnología francesa que empleaba un flotador de mercurio para acelerar el movimiento giratorio y reducir el tiempo entre destellos.

Esta óptica todavía presta servicio en la actualidad, con una apariencia luminosa de destellos aislados cada cinco segundos. Ese mismo año se retiraron los antiguos mecheros de mechas concéntricas para instalar un sistema de alumbrado por incandescencia de vapor de petróleo, tipo Chance de 85 m/m, que empleaba capillos de seda como foco luminoso.

En 1970 se electrificó la señal, sustituyendo las antiguas lámparas de petróleo por una lámpara trifásica eléctrica de 3.000 watios y dos grupos electrógenos como sistema de emergencia. Su linterna poligonal de doce lados, es la única de este tipo que permanece hoy en día operativa en el archipiélago, ya que en el resto de faros se fueron instalando linternas cilíndricas, de cristales curvos y montantes inclinados. La del faro den Pou también es poligonal pero de ocho lados.

En 1944, el técnico encargado rescató al piloto de una avión alemán que había caído a unas dos millas del faro, dándole alimento, ropa y cobijo . Al día siguiente fue llevado a la base de hidroaviones que entonces existía en el Estany Pudent, desde donde fue repatriado. Por estos hechos el gobierno alemán, en plena 2ª Guerra Mundial, entregó a este farero un diploma y mil pesetas como recompensa a su labor de rescate.